Hace tres años, en Bebés y más, os hablamos del ahogamiento secundario, una condición muy peligrosa porque después de que un niño sufría un ahogamiento y se recuperaba, se podía incluso morir unos días después, cuando todos pensaban que ya se había resuelto.
Hablamos de ello porque esos días se comentaba en diversos medios, en la televisión, e incluso recuerdo a algunos profesionales sanitarios dando fuerza a dicha posibilidad. Sin ir más lejos, yo mismo creía que podría suceder que, tras un ahogamiento, hubiera un daño en los pulmones que pudiera provocar un cuadro de tal gravedad.
Pero no es cierto. El 'ahogamiento secundario', también llamado 'ahogamiento seco' no existe, tal y como han afirmado hace unos días los pediatras Jesús Martínez y Jose Mª Lloreda.
Tres años asustando a los padres sin necesidad
Desde entonces, cada verano aparecen una y otra vez artículos en decenas de periódicos, blogs y revistas especializadas avisando a los padres y madres del peligro del ahogamiento secundario.
Como aspecto positivo, muchos le han cogido al agua el miedo que merece, y no solo están mucho más pendientes de sus hijos, sino que además hacen lo posible por que aprendan a nadar antes, para prevenir posibles accidentes.
Como aspecto negativo, aun con la vigilancia, hay niños que tragan un poco de agua, o que son víctimas de las (tan odiosas) ahogadillas, y en ese momento se activa el "código ahogamiento secundario", por el que los padres pasan las peores 72 horas de sus vidas, pensando que en cualquier momento pueden encontrarse a su hijo sin vida.
Por qué decimos que no existe
El pediatra Jose Mª Lloreda lo explicó muy bien hace cosa de un mes, en su blog 'Mi reino por un caballo':
No hay ningún caso descrito en el mundo de un ahogamiento, que se recuperara sin síntomas, y falleciera posteriormente por ese motivo. Ninguno. Otra cosa es que se ponga eso por escrito en noticias, que es lo que ha pasado. Y las copias de unos sitios a otros, que se han difundido por todo el mundo.
Y por su parte, el pediatra Jesús Martínez, explicó hace unos días en El País que:
Tragar agua por una aguadilla o dos o doscientas, lleva a tener un empacho, probablemente una vomitona o una cagalera, pero nada más. El agua se ha ido al estómago y si puede digerirla pasará y si no, saldrá por algún lado, por arriba o por abajo.
El problema viene cuando el agua no la tragas, sino que la aspiras (o respiras). Entonces va a los pulmones y se activan los mecanismos de tos (como cuando se te va el agua para el otro lado comiendo) para sacarla cuanto antes. Si el niño está consciente y tose y tose hasta que se le pasa, el episodio finaliza y ya no hay riesgo de nada.
Si en cambio el niño pierde el conocimiento y en consecuencia no saca fuera todo el agua que tiene en los pulmones, hay que hacer lo posible por que la eche y pueda recuperarse.
Si expulsa el agua, y se recupera, tendrá que acudir a un hospital igualmente, como es lógico, por la pérdida de conciencia y para que se haga la valoración médica pertinente y quede en observación si es preciso; pero sin tos ni signos que evidencien que aún queda agua, se considera que ya no hay ningún peligro de que haya problemas respiratorios.
Si no la expulsa toda, incluso si en los pulmones queda poquísima agua, entonces tendrá problemas para respirar, y no se podrá ir a casa de alta del hospital. Jesús Martínez lo cuenta así:
Si el niño ahogado y recuperado sigue tosiendo o sigue mareado porque el oxígeno no le llega bien al cerebro y está confuso y adormilado quiere decir que todavía queda líquido en sus pulmones y no se le puede dar de alta en urgencias. Puede complicarse con el paso de las horas. Esa tos persistente horas después del susto, como de atragantado, nos debe hacer sospechar que algo no va bien, esa modorra y decaimiento excesivo no es un ahogamiento secundario, que ya sabemos que no existe, es ese ahogamiento primario que todavía no se ha resuelto del todo.
Así que este verano, y todos los veranos, y siempre que haya agua de por medio, vigilad a vuestros hijos porque el agua es muy peligrosa, y más si no saben nadar. Y si les pasa algo, que tragan agua o similar, podéis estar tranquilos si después de unas cuantas toses vuelve a estar activo y jugando.
Solo en caso de que lo veáis apagadito y con síntomas respiratorios tendréis que preocuparos, y entonces en el hospital serán los propios médicos quienes no os dejarán ir a casa hasta que el niño esté completamente recuperado.
Fotos | iStock
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